La imagen de Cristo

El ego no es un monstruo. No es más que la idea de un monstruo. Todos llevamos dentro demonios y dragones, pero también al gallardo príncipe. Jamás he leído un cuento de hadas en elñ que los dragones triunfaran sobre el príncipe. (…) Cuánto más sabemos de la luz que hay dentro de nosotros, más fácil se nos hace, en última instancia, perdonarnos el hecho de que todavía no somos perfectos.

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Si lo fuéramos, no habríamos nacido. Sin embargo, nuestra misión es perfeccionarnos, y una parte importante del proceso es ver dónde no somos perfectos. Nos convertimos en personalidades perfeccionadas al aceptar la perfección espiritual que ya existe dentro de nosotros.
De Leonardo da Vinci se cuenta una anécdota que siempre me ha conmovido. Al principio de su carrera debía pintar una imagen de Cristo y encontró un joven de profunda hermosura que le sirvió de modelo para el rostro de Jesús. Muchos años después, Leonardo estaba pintando un cuadro donde figuraba Judas y se echó a andar por las calles de Florencia en busca del modelo perfecto para hacer el papel del gran traidor. Finalmente, encontró a alguien con un aire sombrío y maligno que le pareció el modelo perfecto para la imagen de Judas, y le pidió si quería posar para él.
El hombre lo miró y le dijo: "Tú ya no me recuerdas, pero yo te conozco. Hace años, te serví de modelo para tu imagen de Jesús".
(Extractos del libro "Volver al amor" de Marianne Williamson, Ed. Urano)


FRASE PARA ACOMPAÑARTE EN LA SEMANA:
"Servir es parte del trato de esta experiencia humana.
Se nos dá la vida con un propósito.
Entonces, puedes preguntarte ¿Para qué estamos aquí? ¿Cuál es la experiencia que venimos a aprender? ¿Cuál es mi legado para la humanidad?"
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