Era una familia muy pero muy pobre, que vivía en una casa muy pero muy humilde, a la entrada de un viejo bosque.
Discutían una noche en la habitación el hombre con su segunda esposa, acerca del hambre, de la pobreza y de la muerte.
- Hay una única solución – dijo la mujer-, y es abandonar a los niños en el bosque. De todas formas, muy pronto vamos a morir los cuatro.
Fuera de la habitación, el niño y su hermanita escuchaban atentamente. El tomó de la mano a su hermana,
y la llevó fuera, a la entrada de la casa, y allí recogió unas piedras blancas que guardó en sus bolsillos.
Los adultos prepararon a los niños luego del mediodía, con la excusa de ir al bosque a dar un paseo y juntar leña para el fuego. Caminaron largo rato, y el niño, cada tanto se detenía por diferentes motivos, e iba dejando caer una a una las piedras blancas en el suelo.
Una vez en el medio del bosque, los dejaron su padre y su madrastra, diciendo que volverían enseguida.
Pasaron las horas, comenzó a caer la noche. La niña comenzó a tener miedo y a llorar. Y su hermano, como siempre, la tomó de la mano y le hizo prestar atención: La luna iluminaba las piedras blancas, que resplandecían entre la oscuridad del bosque. Y así, guiándose por la luz de las piedras blancas, los niños encontraron el camino de vuelta hacia la casa y el amor de su padre.
Por eso, deja en tu camino unas cuantas piedras blancas, para que con la luz que hay en el alma de cada uno, se iluminen y encuentres el camino de vuelta hasta tu corazón, hasta tu propia magia, y hasta tu casa (tu Ser Interno), cada vez que te sientas perdido y sin rumbo.
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FRASE PARA ACOMPAÑARTE EN LA SEMANA:
"Promete poco, cumple mucho"
(Demófilo)
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